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Fallos neurológicos, indicios de la enfermedad de Alzheimer, peligrosas hemorragias, cirugía de emergencia. A sus 34 años, Eva Pinkelnig ha visto muchas veces cómo su carrera y su salud pendían de un hilo.

El mundo de los saltos de esquí vuelve a asombrarse con el "UFO" (OVNI). Eva Pinkelnig recibió ese apodo al comienzo de su carrera porque la primera vez que se atrevió a subir a un trampolín tenía ya 24 años. Ese "objeto volador no identificado", que anteriormente trabajaba como profesora y practicaba el esquí alpino, ha resurgido inesperadamente en el firmamento austriaco con unos magníficos resultados.

Ahora sorprende a todos con su increíble historia de vuelta al éxito. En la inauguración de la Copa del Mundo en Wisla, la austriaca firmó dos podios y el liderato de la General. Una auténtica locura si uno sabe dónde estuvo esta saltadora de 34 años hace apenas unos años. “En lugares muy oscuros”, como le confesaba al medio suizo "Blick". Literamente, en el suelo, estrellada.

En 2016, después de dos durísimas caídas, sufrió una lesión cerebral traumática severa que mantuvo a su cerebro inflamado durante un tiempo demasiado largo. Surgieron problemas neurológicos, sus ojos ya no respondían con la misma velocidad en la salida del trampolín, simplemente se apagaban. Las resonancias magnéticas revelaron signos de Alzheimer.

Solo con la ayuda de un especialista pudo volver a controlar esos déficits. "Incluso hoy en día, me mantengo en forma haciendo ejercicios neurológicos a diario”, dice Pinkelnig. “Eso forma parte de mí vida ahora". Al igual que la rotura del bazo.

Esa fue la segunda sorpresa de su carrera, tras una caída que sufrió en Diciembre de 2020. De nuevo, momentos de ansiedad. Pinkelnig perdió un litro de sangre y fue operada de emergencia ese mismo día. Habría sido la segunda posibilidad de poner punto final a su carrera. Pero ella insiste: "En ambas ocasiones sentí claramente que podía regresar".

Y cómo lo hizo. Después de sufrir el traumatismo craneoencefálico ganó la medalla de plata por equipos en el Mundial de Seefeld 2019. Ahora, tras romperse el bazo, contraataca con una victoria en Wisla. E incluso sueña con los Juegos Olímpicos de 2026.

Mientras tanto, Pinkelnig ya no es un OVNI. Es la gran voladora de la Copa del Mundo. Y se divierte: “Todo esto es muy emocionante para mí. Simplemente disfruto estando sana física y mentalmente”.

Fuente: Blick