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La noruega Eirin Maria Kvandal era para muchos una auténtica desconocida hasta el pasado 24 de Enero. En Ljubno, la joven saltadora de 19 años sorprendía a todos, incluso a ella misma, logrando su primera victoria en la Copa del Mundo, apenas dos años después de haberse sometido a una complica intervención en la espalda, en Diciembre de 2018.

Esta gran historia de superación personal comienza en Mosjøen. Eirin es la menor de cuatro hermanos, dentro de una familia que vive intensamente el esquí. Es su padre quien le acerca por primera vez a los saltos de esquí. De hecho, él mismo fue saltador de joven y consigue que Eirin acabe siguiendo sus pasos. La niña era tan pequeña cuando probó por primera vez los saltos que ni siquiera lo recuerda, pero asustada no estaba. "Sentí la adrenalina cuando salté, ¡y pensé que era divertido!".

El tiempo pasa, Eirin empieza en la escuela secundaria y sigue siendo una niña activa. Pero entonces la madre nota que algo no va bien: la espalda de la chica está ligeramente desviada. Los médicos restan importancia al asunto pero acuerdan hacer un seguimiento del caso por si empeora.

Por entonces, Eirin llega a una edad en la que debe decidir si quiere dar el gran paso de apostar por su deporte. Aunque la madre se muestra algo escéptica, con 15 años hace las maletas y se traslada al sur, a Trondheim, para cursar estudios y mejorar como deportista en la Escuela Secundaria Superior de Heimdal, un centro del que han salido estrellas del deporte como Johannes Klaebo, Johann André Forfang y Silje Waade.

Pero al mismo tiempo que Eirin disfruta de Trondheim, los médicos siguen monitorizando la desviación de su espalda, cuya evolución no es nada positiva. "Es un defecto congénito. Empeora a medida que se va creciendo, y, en muy poco tiempo se complicó muchísimo", recuerda.

Eirin comienza a ponerse nerviosa. Acude al médico en Trondheim y el diagnóstico la hunde por completo. Tiene algo llamado escoliosis congénita, una inclinación lateral en la espalda que a la mayoría de la gente no le impide hacer vida normal. Pero la desviación es tan marcada que ella necesita hacer algo si quiere continuar con el deporte.

Un posible tratamiento para la escoliosis es usar un corsé. Pero para Eirin, dos años con el corsé, sin entrenamiento, ni garantías de que la espalda mejore, no es una opción. La única alternativa posible es la cirugía.

 

Siete horas, dos varillas de metal y 22 tornillos

Kvandal Eirin Maria operacionEirin decide operarse. Pero una intervención quirúrgica para un deportista es mucho más. "Lo primero que pensé fue en todo el entrenamiento que iba a perderme".

El 3 de Diciembre de 2018 la joven saltadora entra en el quirófano. Siete horas después la vida continúa. "Cuando me desperté, el médico me preguntó si podía tocarme los pies. ¡Y por suerte podía!".

La operación es todo un éxito. Los médicos le enderezan la espalda y cuando se despierta en realidad es entre tres y cuatro centímetros más alta. Pero lo peor aún no había pasado. "Tuve dolores, estuve bastante mal durante casi un mes y luego fui mejorando gradualmente. El dolor no fue intenso, pero caminar con molestias constantes durante un mes se vuelve agotador. Fue un tiempo difícil", asegura.

Los médicos le dan a Eirin un plazo de seis meses antes de volver a hacer ejercicio nuevamente. Y finalmente llega ese día. "Lo primero que hice cuando desperté el 3 de Junio de 2019, justo seis meses después de la operación, fue ir a hacer puenting", se ríe.

Por fin, la niña de Mosjøen puede regresar al trampolín, pero antes debe fortalecer los músculos de muslos y caderas para reducir la carga en la espalda. Ocho meses después de la operación, la joven Eirin se sentó en el banco del trampolín Midtstubakken de Oslo, lista para su primer salto con varillas metálicas en la espalda. "No fue particularmente bueno, pero fue una sensación increíblemente deliciosa".

 

Soñando con Planica

Kvandal Eirin Maria operacion2A partir de entonces, la mejoría es notable. En el verano de 2020 es incluida en el equipo nacional de Noruega. Debuta en la Copa del Mundo, y en la segunda competición de la temporada, en Eslovenia, consigue ya su primera victoria.

La joven dice que ha aprendido mucho sobre la motivación y el trabajo, y ese éxito le ha resarcido de todos los sinsabores que ha sufrido en los últimos meses. "Escuchar el himno nacional fue increíble, especialmente cuando sabes lo mucho que te has sacrificado para que esto suceda. Entonces todo vale la pena. Es una sensación increíble", afirma.

A pesar de todo, Eirin es joven y tiene una larga carrera por delante. Pero tiene muy claro cuál es su gran deseo: saltar en Planica. "Habría sido genial, pero parece que a las chicas todavía nos queda un largo camino por recorrer, pero si hay algo con lo que sueño, es eso", concluye.

Fuente: www.tv2.no