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Al igual que ocurrió en 2008, por segunda vez en la historia de la Tourneé la meteorología impidió que hubiera una competición en el siempre temido Bergisel. Y al igual que hace catorce años, Bischofshofen albergará las dos últimas citas del Cuatro Trampolines.

La tercera prueba de esta edición nº70 del torneo volvió a convertir a Innsbruck en víctima de un viento imposible.

"Desde que llegamos al trampolín a las 10 de la mañana las rachas de viento no han dejado de molestar. En cuestión de segundos, pasaba de 2 a 8 metros/segundo, sobre todo en la mesa de salida soplaba un fuerte viento de cola. Intentamos todo lo que estuvo en nuestro mano, poco antes de las 3 de la tarde las condiciones eran algo mejores y tuvimos la sensación de que sería posible saltar, pero al final el viento volvió a soplar demasiado fuerte. La idea ahora es celebrar dos competiciones en Bischofshofen", explicaba el director de competiciones de la FIS, Sandro Pertile.

"Es una pena que la competición se haya cancelado hoy, realmente queríamos saltar aquí. Pero fue la decisión correcta, era demasiado peligroso. Por desgracia, el pronóstico tampoco es muy bueno para Bischofshofen mañana, pero veremos a ver qué pasa. Esto no cambia realmente nada para nosotros, tenemos que esperar un error de Kobayashi", señalaba Stefan Horngacher, entrenador del equipo alemán.

Esta prueba cancelada en Innsbruck se recuperará en Bischofshofen este miércoles. El entrenamiento oficial está programado para las 11:30, seguido de la calificación a las 13:00 y de la competición a las 16:30. Todo ello -excepto el entrenamiento- podrá seguirse en directo por Eurosport 1 y por los canales digitales (app y web).

En principio, la jornada final del jueves se disputará con este horario: 14:30 Calificación y 17:30 la competición, tambien en directo por Eurosport. 

Así pues, el Bergisel no será juez y parte este año en la Tourneé. A Bischofshofen llegará como líder Ryoyu Kobayashi, un trampolín donde en 2019 hizo realidad su primer Grand Slam y que puede darle menos problemas de los que quizás hubiera tenido ante Eisenbichler y compañía en Innsbruck. Aún así, todo sigue abierto.