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El trampolín más antiguo del mundo, el construido en 1892 en Holmenkollen, ha sido renovado en diecinueve ocasiones, la última en 2011, aunque de momento sólo puede utilizarse en invierno. El presidente de la federación noruega, Clas Brede Braathen, se resiste a aceptar que unas instalaciones tan legendarias y emblemáticas no puedan disfrutarse todo el año.

Con la mirada puesta en el trampolín, el presidente Brathen comenta: "Es un desastre. Sé lo peligroso que es en estos tiempos utilizar la palabra 'desastre'. Pero cuando se reconstruyó el trampolín para el Campeonato del Mundo de 2011 se hizo pensando en que acabaría plastificándose. Y aquí estamos, casi diez años después, sin poder utilizarlo todo el año. Tiene un enorme potencial que aún no se ha aprovechado".

Habitualmente, Braathen es un hombre que mide mucho sus palabras, pero la situación de Holmenkollen le genera, a él y a muchos de sus colaboradores, una gran frustración. Sin hablar, por supuesto, de los propios saltadores. Con cerca de un millón de visitantes cada año, las oportunidades que ofrece esta instalación son enormes.

"Creo que la pasada temporada Holmenkollen se utilizó unas seis horas para saltos de esquí. Con la cubierta de plástico aquí se podría saltar desde el 1 de Abril al 1 de Noviembre, además del invierno, por supuesto", añade el máximo mandatario de la federación nórdica.

 

"Una vez conocí a Diego Maradona. Hablé con él durante un viaje en avión. Había jugado en Ullevaal, pero apenas sabía dónde estaba Noruega. Mientras trataba de explicarle a qué me dedicaba, es decir, a los saltos de esquí, él exclamó: '¡Holmenkollen!'".

Pero el gran escollo para acometer esa nueva obra de remodelación es la titularidad del estadio, en manos del ayuntamiento. "Si las autoridades locales lo hubieran plastificado hace diez años, estoy seguro de que los ingresos habrían duplicado o triplicado la inversión inicial".

¿Cómo es posible que un trampolín de saltos pueda ser tan rentable? "Serían cientos, o quizás miles, los visitantes que podrían ver en directo los saltos. Seguro que la estructura del propio trampolín por sí sola ya les dejaría fascinados. Si con cada turista Holmenkollen ingresara 10 coronas (1 euro), la inversión inicial quedaría muy pronto cubierta".

Las primeras estimaciones sitúan el presupuesto de esa renovación en unos 2 millones de euros, aunque el presidente del club local (Kollenhopp), Roar Gaustad, es más concreto y cifra la inversión en 1,5 millones. Incluso hace cuatro años ya presentó a la federación un plan para dotar a Holmenkollen de una cubierta de plástico.

Oslo trampolin verano01"Llevamos trabajando en esto hace más de 10 años, es una pena. Holmenkollen es uno de los pocos grandes trampolines de Europa que aún está sin plastificar", advierte Gaustad. "Lógicamente los saltadores quieren que se plastifique lo antes posible. Todos los saltadores del este de Noruega tienen que desplazarse en tren hasta Lillehammer para entrenar en verano, y eso tampoco es bueno para el medio ambiente. Pero lo más importante es la instalación en su conjunto. Está empezando a deteriorarse".

El estadio actual tiene capacidad para 22.000 espectadores, los cuales pueden llegar a los 50.000 si incluimos la gente que se sitúa en las zonas aledañas de Holmenkollen. La historia comenzó en 1892 y desde entonces ha pasado por 19 remodelaciones. Al ayuntamiento de Oslo siempre se le ha reconocido su apoyo para mantener en pie estas instalaciones, pero ahora se le pide un impulso más.

"No plastificar Holmenkollen ha sido la peor decisión de la historia", continúa Clas Brede Braathen. "Podríamos haber organizado grandes competiciones en verano, con los mejores saltadores del mundo. Imagínense el estatus que lograría Noruega con esas preciosas puestas de sol. Y en medio de eso, saltos de esquí. ¿La televisión alemana o polaca no pagaría por ofrecerlo en directo?".

"Pero hay que resaltar que esto no va sólo con nosotros. 'Pobrecitos saltadores, no tienen instalaciones para entrenarse adecuadamente'. No. Estamos hablando de Holmenkollen, de un símbolo nacional. Creo que debemos ser respetuosos con la herencia cultural del país".

"Una vez conocí a Diego Maradona. Hablé con él durante un viaje en avión. Había jugado en Ullevaal, pero apenas sabía dónde estaba Noruega. Mientras trataba de explicarle a qué me dedicaba, es decir, a los saltos de esquí, él exclamó: '¡Holmenkollen!'. Le respondí: 'Sí, sí, Holmenkollen. Eso es Noruega'. Él había jugado en Oslo, pero lo único que recordaba de su visita a Noruega era Holmenkollen".

Fuente: www.dagbladet.no